La papa, que en algunas zonas llaman patata, es originaria de los Andes peruanos, y fue introducida en Europa en el siglo XVI por los exploradores españoles.
Cuando los primeros conquistadores españoles llegaron al Perú, observaron que los Incas cultivaban para su alimento una extraña planta cuyo tubérculo crecía bajo tierra. La llevaron al viejo continente, llegó a España hacia 1550 y se expandió por Europa en la segunda mitad del Siglo XVI.
hacia 1750, a dos siglos de su entrada al continente europeo, ya era considerada un artículo de primera necesidad para la alimentación; y se constituyó en una de las más importantes cosechas de esa época. Pero en Francia se resistían a aceptarla, pues desconfiaban de la papa como alimento.
El cultivo se difundió rápidamente, sobre todo en las regiones templadas y, a principios del siglo XVIII, se introdujo en el norte de América (Estados Unidos y Canadá).
Los Incas cultivaban en las altas mesetas, alrededor de 200 tipos de papas, y eran unos de sus alimentos básicos.
Habían inventado un sistema de conservación de las papas por largo tiempo, y consistía en secarlas para luego fabricar una harina a la que denominaban "chuño"; quizás un adelanto de los actuales purés deshidratados.
Varios fueron los alimentos descubiertos por los conquistadores a su llegada a América. Entre ellos estaba la papa, pero al principio solamente la usaban como comida para los cerdos, y comenzaron a darla también a los enfermos terminales y a los presos. Por muchos años, este tubérculo fue desmerecido en su valor alimenticio en el viejo continente, especialmente en Francia.
Recién en 1785, entró a los salones parisienses, cuando el francés Antoine Parmentier ofreció en París un banquete para la corte con un menú integrado por platos como el pastel de papas, las papas fritas, ensaladas de papas, croquetas de papas, puré y otras variedades que fueron la delicia de los comensales y pasó a ser uno de los alimentos básicos de todas las clases sociales.
Cuentan que para popularizar el consumo, Parmentier cultivaba un campo en París, con este tubérculo. Lo hacía custodiar de día, para incitar a que le robaran plantas durante la noche y las plantaran en sus hogares, para lograr así difundir el consumo.