¿Alguna vez oíste hablar de la gran hambruna de la papa? Fue una época trágica
en la historia de Irlanda, cuando una plaga acabó con sus cultivos de papa durante los
años de 1845, 1846 y 1848, período en el cual más de un millón de personas murieron
de hambre y de enfermedades causadas por
la desnutrición. Cerca de 800.000 personas
fueron expulsadas de sus casas, pues al
fracasar sus cultivos no pudieron pagar la
renta, en tanto que casi dos millones de
irlandeses abandonaron su patria,
emprendiendo travesías por barco en las que
muchos murieron, para intentar rehacer su
vida en otros países, especialmente los
Estados Unidos.
La plaga que acabó con los cultivos de papa
la originó un hongo, Phytophthora infestans.
Nunca ha habido un brote tan devastador y extendido como aquel de
la hambruna irlandesa.
Hay muchas razones que explican por qué el hongo causó tanta
destrucción en Irlanda a mediados del siglo XIX. Una de ellas es la
forma en que se cultivaba la papa. Si alguna vez has guardado
papas durante mucho tiempo, habrás notado los retoños que
emergen de sus "ojos". Puedes cultivar toda una planta de papa si
cortas uno de estos "ojos" y lo plantas. La nueva planta será una
copia exacta o clon de la que le dió origen. Esto es lo que se llama
propagación vegetativa y es la forma en que se cultivaba la papa en
Irlanda en aquella época (la papa es originaria de Sur América y fue
llevada a Europa en el siglo XVII). Sin embargo, las papas originales
y por lo tanto casi todos sus clones no tenían la habilidad natural
para combatir P. infestans, así que cuando el hongo prendió se
extendió como un incendio voraz por todo el país.
El hongo también afectó los cultivos de otras partes de Europa, pero
ningún otro país dependía tanto de la papa. Los campesinos
irlandeses dependían fundamentalmente de la papa como fuente de
alimento. La papa era el componente principal de sus comidas y, en
ocasiones, el único alimento presente en la mesa porque este cultivo
tiene la mayor producción por acre de terreno. Así que cuando el
hongo apareció, los campesinos se quedaron sin alimento, excepto
yerbas y rastrojo. Es como si hoy bombardearan todos los
supermercados de tu ciudad y no tuvieras donde comprar alimentos.
Aunque era evidente para todos que los cultivos perecían, nadie
podía imaginar por qué. Algunos culparon a los pobres de la plaga.
Otros pensaron que era obra del demonio y la combatieron
esparciendo agua bendita en los campos para tratar de expulsar al
diablo. Otros creyeron que la tierra sencillamente se había cansado
por sobreproducción. Otra explicación delirante que se dió fue que
los trenes que cruzaban el territorio irlandés descargaban
electricidad sobre los cultivos y ésa era la causa de la plaga. No fue
sino hasta 1861 que Anton De Bary, considerado hoy como el
pionero de los modernos estudios sobre plagas agrícolas, probó que
el hongo había sido el causante de la roya irlandesa.
Actualmente, P. infestans se controla con la aplicación de
plaguicidas y un mejor manejo de los cultivos.