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Historia de la Tortilla.
Tomado de La Gastroteca

Como puede comprobarse, en las recetas primitivas de estas tortillas no se usaba la patata, que más tarde debido a la gran difusión que este tubérculo adquirió en la cocina española, se incorporó para aumentar su poder alimenticio.

Las primeras noticias de las patatas, encontradas en el Nuevo Mundo, se tuvieron en España en el año 1516 a través de Pedro Mártir de Anghiera, milanés, que fue cronista de los Reyes Católicos, pero fueron los hombres de Pizarro los que las conocieron en 1532 cuando exploraban Cajamarca en el norte del Perú.

Es probable que las primeras patatas llegaran a España a manos de Pedro Cieza de León. Fueron presentadas a Carlos I y algunos ejemplares se enviaron al papa Julio II como curiosidad botánica y no es del caso relatar las vicisitudes que corrieron estos ejemplares que cumplieron un papel importante en la difusión de esta solanácea en Europa.

No cabe duda que fueron los españoles los primeros en cultivar la patata en Europa con fines utilitarios, como se puede comprobar en distintos documentos que lo acreditan, así, por ejemplo, se sabe que en el año 1575 el Hospital que regentaba la Hermandad de la Caridad de Sevilla pasaba por eventuales dificultades económicas y por el consejo de alguno de los indianos repatriados, los hermanos utilizaron las patatas que se cultivaban en algunas heredades a orillas del Betis para alimentar a los enfermos, obteniendo una buena aceptación por parte de éstos.

A la vista del éxito se decidió plantar estas solanáceas en los huertos conventuales. El 19 de diciembre de 1577, la madre Teresa de Jesús enviaba desde Ávila una carta a la priora del Convento del Carmen, de Sevilla, para agradecerle unas patatas y algunas fruslerías que le había enviado.

Estos hechos y algunos más que podían citarse, demuestran que en estas fechas ya existían en Andalucía patatares, muy anteriores a los que el irlandés J.T. Dillon afirma haber visto en Galicia en 1789 y aún a los que en 1736 denunciaba el párroco de Santiago de Bravos, en la provincia de Lugo.

Se desconocen el lugar y la fecha en que se cocinó por primera vez una tortilla de patatas, pero es muy posible que naciera entre los siglos XVII y XVIII en cualquier lugar hoy ignorado que lo mismo pudo ser en el modesto hogar de un campesino andaluz, que en una comida de fortuna realizada por trajinantes o soldados en una venta junto al camino como aquellas que conocieron las desventuras del Ingenioso Hidalgo.

Acaso se comió por vez primera en el refectorio de un convento, o se inventó por el cocinero de una casa noble, o nació en la estancia de una dama criolla en las lejanas tierras peruanas, pues un plato tan sencillo, sin pretensiones, que puede ser comido caliente o frío, muy adecuado para pitanza a los arrieros que la llevaran en las alforjas colgando de los adrales del carro o a lomos de la mula de paso, junto a la hogaza trigueña, un seco trozo de queso ovejuno y un zaque vinatero.

Sea cual fuere su origen, la tortilla de patatas enraizó fuertemente en la vida española, tanto, que no era concebible merendona, alifara, pasatarde o romería donde no estuviera presente, acompañada del mollete y la bota de vino o a veces del lebrillo con zurra o limonada.

Nuestra tortilla de patatas debe ser siempre redonda, amarilla y esplendorosa como el disco solar, admite en su seno sin perder autenticidad el maridaje de la cebolla y algunas veces, con verdadero acierto, unas briznas de escabeche de bonito.

Pero su mayor gracia se la confieren la abundancia de huevo y el estar bien cuajada, huyendo de esa consistencia babosa de la que algunos gustan, pero que la hace desmerecer ante sus verdaderos adictos, pues la tortilla española debe quedar compacta y prieta, lo que la permitirá conservarse apetitosa durante un par de días.

Por algunos comentaristas se ha dicho que la tortilla de patatas, conocida universalmente como "Tortilla española", era bien conocida en Navarra cuando se luchaba contra las huestes napoleónicas y afirma José Mª Iribarren que así lo prueba un memorial anónimo en el que se hablaba del alimento de la tropa en el año 1817 que fue presentado ante las Cortes en Pamplona.

Otros autores confirman que este tipo de tortilla era plato habitual en estas tierras durante la primera guerra carlista (1833-1840) y que en cierta ocasión en una comida de campaña, le fue ofrecida una tortilla de patatas al general carlista Zumalacárregui.

La tortilla de patatas figura en diversos recetarios del siglo XIX como manjar de uso frecuente y "El Practicón", su autor, Ángel Muro, tan afrancesado en sus gustos culinarios, le dedica gran interés y describe minuciosamente su confección.

Como curiosidad se incluye la siguiente receta de origen sefardí, procedente de Salónica, de la que podemos fijar fecha de origen y que está redactada en ladino, con el título "Omleta kon patata frita al modo Sepharade", su traducción es la siguiente:

"Se pelan y lavan cuatro patatas medianas. Se cortan en cuartos y se fríen en una sartén conteniendo aceite caliente, durante un par de minutos. Se trasladan los fritos a una segunda sartén. Se vierten los huevos batidos sobre las patatas, se cubren y se dejan cocer a fuego dulce. Se vuelve la tortilla para que se dore su segunda cara. Se sala y se consume bien caliente".



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