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Manzanas de Tierra.
Tomado de El Nacional.
Después de los cereales convencionales, el cultivo de la papa es el más extendido en el mundo. Este tubérculo americano entró a Europa por la puerta de atrás, para luego convertirse en uno de los alimentos consentidos de la mesa española y francesa.
Antes de la Revolución, a ningún francés le pasaba por la mente comerse una papa. Para entonces, era considerada como un tubérculo altamente tóxico, traído de algún lejano rincón de América del Sur, que sólo había servido para alimentar a los cerdos y para decorar -con exótico gusto- algunos hogares. Fue el botánico Luis Augusto Parmentier quien en un arranque de osadía "sobrevivió" a la ingesta de las pommes du terre, y al descubrir sus altos contenidos de potasio, magnesio y fósforo, se propuso difundir su cultivo y consumo en la región. ¿La estrategia? En complicidad con el rey Luis XVI, plantó un huerto de esta verdura y lo hizo custodiar día y noche. Esto despertó la curiosidad de los pobladores, quienes una noche lo saquearon gracias a una "ausencia accidental" de los guardianes.
A la larga, el resultado fue el gran boom europeo de la papa, servida en todas sus presentaciones: frita, en purés, al vapor, horneada, salteada, en tortillas... La enumeración es tan larga y tendida como la lista de vitaminas y minerales que contiene. Para conservar todos sus nutrientes, debe cocerse con concha y al vapor. La ciencia dice que la papa no engorda, pero obviamente eso dependerá de la cantidad consumida y de la forma de preparación.
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