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Mitologia y Creencia Popular.

Teniendo la papa tanta importancia para el mantenimiento de la vida en estas alejadas islas del sur de Chile, no es de extrañar que en torno a su cultivo y gran variedad de usos se desarrollarán ancestrales prácticas sociales, creencias y mitología, muchas de las cuales en el amanecer del tercer milenio mantienen su vigencia.

A través del mito y la creencia popular podemos introducirnos a la intimidad más profunda del alma campesina, heredera de nuestro ancestro mapuche-veliche.

En nuestro actual cosmos mítico aún se habla de un gusanillo de color plomizo que vive en los caulles (tallos) de las papas y que recibe el nombre de Coñipoñi. Su nombre encierra la idea de parto y parido(coñi) y papa (poñi).

Se le considera como una niñera ideal, las madres que están criando se alegran mucho cuando tienen la suerte de encontrar una Coñipoñi. La colocan bajo la almohada y su presencia provoca la quietud de los lactantes. Junto a ella no hay guaguas lloronas ni molestosas.

Para alimentarla sólo necesitan que le den unas cuantas gotas de leche de sacada de los pechos de la madre de la guagua.

Otro personaje mítico es el Lluhay, reptil de plata y de extraordinaria belleza. Se caracteriza por tener dos colmillos y alimentarse de las flores de los papales. Su vida es eterna.

Este reptil de más o menos un metro de longitud es heredado de generación en generación y envidiado en el mundo campesino. Su posesión permite a los dueños aumentar ostensiblemente su fortuna.

Durante el día duerme, en la noche sale a recorrer las siembras de papas de los campesinos vecinos cortando los caulles (tallos), disminuyendo la producción de los papales. De esta manera mientras los papales de los vecinos producen poco, los del amo rinden en gran cantidad.

Hasta hace unas décadas se utilizaban dos piedras llamadas piedras cupucas o capucas para la fertilización de las semillas de papa. Una de las piedras era de formas alargada la macho y redonda la otra la hembra.

Estas piedras cupucas se frotaban sobre la semilla de papas para que tuvieran mayor fertilidad. Después del frotamiento se las guardaba con mucho respeto y cuidado, para sacarlas otra vez cuando el papal comienza a fructificar, entonces se les ofrecían flores de papa en holocausto, que se quemaban antes de la salida del sol.

En torno a las labores necesarias para el cultivo, tales como siembra, aporca, cosecha, etc. existe una gran riqueza de creencias populares todavía vigentes.

Cuentan que cuando un vecino quiere hacer un mal a otro vecino, trae tierra del cementerio y la esparce en la noche por las cuatro esquinas del sembrado, de este modo la siembra queda maleada y da muy poca producción. También describe que tirando huevos gueros a un papal, se logra que las papas de esa siembra salgan ciegas y den muy poca producción.

También sacando papas de un papal y enterrándolas en el cementerio, se logra que ese papal no prospere.

Así como hay muchas formas de inducir una mala cosecha en un papal, también existen formas y conductas que lo pueden proteger.

También se dice que es posible protegerse de las malas intenciones de personas envidiosas. Una de ellas es proteger las semillas de todo mal golpeándolas con pichanas (ramitas secas) de un arbusto de la buena suerte llamado Huelcún. Así se espanta el mal y la siembra no se malea.

Otra forma es ir a la playa y traer un poco de agua salada, de ahí donde se forma espuma con globitos de aire. A esta agua se le agregan un poco de caracoles de mar, pequeños, como los mellonges y los deguenes. A esta agua se le agrega una cabeza de ajo de cinco dientes machacados. Con esta pócima se rocían las semillas de papa con una pichana de Huelcún, mientras se les dice cariñosamente;tienen que ser buenas chicas y darnos hartas papitas; para confundir a los brujos que abundan en Chiloé, al momento de iniciar la siembra se deben intercambiar de lugar los primeros cinco tubérculos que se siembran en el papal. La primera papa pasa al quinto lugar y la quinta al primero, y así sucesivamente hasta que las cinco papas han cambiado de posición.

Todo este ritual evita cualquier mala intención y confunde a cualquier brujo que quiera hacer un mal a la siembra de papas.

En las islas del archipiélago es posible encontrar abundantes creencias campesinas aún vigentes, entre las que se cuentan las siguientes:

- Cuando las gaviotas llegan al lugar de la siembra de papas es señal segura de una cosecha abundante. - No hay que aporcar las papas con travesía (viento) porque puede arruinarse la siembra. - No hay que enterrar papas en el fogón porque atrae pobreza. - No se debe jugar en el lugar donde se va a sembrar papas pues la siembra no tendrá buen rendimiento. - Para que nunca falten papas en el hogar, no hay que contar las papas que se van a cocinar. - Al sembrar la primera papa hay que hacerlo en el nombre de Dios para que haya buena cosecha.

Entre los cultos más ancestrales está el culto a la Luna, que se expresa en el respeto a los ciclos lunares de creciente y menguante. La selección de semillas y la siembra está regida por la Luna, así todas las especies que fructifican bajo la tierra como la papa, se siembran en menguante, de esta manera se obtienen plantas más vigorosas y más altos rendimientos. Si se siembra papa en creciente, las papas se degeneran, dando papas con cachos, largas y con tendencia a ponerse verdes y de mal gusto.

El culto a la Luna es el que más internalizado está en el mundo campesino chilote, es así que todas sus actividades se realizan en relación con los ciclos lunares: las castraciones de animales se hacen en menguante para que las heridas cicatricen mejor y más rápido. En la actividad forestal los árboles deben cortarse en menguante. Si se hace en creciente la madera es más propensa a partirse y a torcerse.



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