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El Origen
Por
Walter H. Wust
Texto basado en un mito recopilado en las alturas Andahuaylas, Apurimac, Perú.
Publicado en el libro La papa tesoro de los Andes de la agricultura a la cultura.
CUENTA UNA VIEJA LEYENDA ANDINA que
los hombres cultivadores de la quinua
dominaron durante muchos años a los
pueblos de las tierras altas y, a fin de
dejarlos morir lentamente, les fueron
disminuyendo la ración de alimentos para
ellos y sus hijos.
Ya al borde de la muerte
los pobres clamaron al cielo y Dios les
entregó unas semillas carnosas y
redondeadas, las cuales, después de
sembradas, se convirtieron en hermosas
matas que tiñeron de morado las gélidas
punas con sus flores. Los dominadores no
se opusieron al cultivo, con la mañosa
esperanza de cosecharlo todo para ellos,
llegada la oportunidad. En efecto, cuando
las plantas se amarillaron y los frutos
parecieron maduros, los opresores segaron
los campos y se llevaron todo lo que
juzgaron era una óptima cosecha.
Desconsolados y moribundos de hambre,
los vencidos pidieron otra vez clemencia al
cielo y una voz les dijo desde las alturas:
Remuevan la tierra y saquen los frutos,
que allí los he escondido para burlar a los
hombres malos y enaltecer a los buenos.
Y así fue, debajo del suelo estaban las
hermosas papas, que fueron recogidas y
guardadas en estricto secreto. Cada mañana,
los hombres de las punas añadieron a su
dieta empobrecida una porción de papas y
pronto se restablecieron, cobraron fuerzas y
atacaron a los invasores que, viéndose
vencidos, huyeron para no regresar jamás a
perturbar la paz de las montañas.
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