Así se le llamó a la papa en Italia, en Alemania "la amiga de todos", en Francia "alegría de la mesa" y ...
Cuentan que en 1616, el rey Luis XIII, de Francia, dio un gran banquete y ofreció como plato principal... papas. ¡Casi ni las probaron! Incluso, algunos invitados, en señal de protesta, no volvieron a la corte. Años más tarde, en Italia, personas que comían papa enfermaron de tifus, y le echaron la culpa creyendo que era venenosa.
¿Cómo llegó a Europa?
Los españoles, en sus viajes por América en el siglo XVI, la encontraron en las altas mesetas de los Andes peruanos y se maravillaron al ver cómo los incas (antiguos pobladores) la cultivaban, la secaban al sol y la guardaban de una cosecha a otra. Ya seca la llamaban chuno. Al regresar la llevaron con ellos. Así llegó a Europa.
¿Cuándo la consumieron?
El francés Agustín Parmentier, en el siglo XVIII, expuso al rey Luis XVI el valor nutritivo del tubérculo y aunque el monarca ordenó cultivarlo, nadie le hizo caso: solo lo sembraron como planta de adorno.
Astutamente, Parmentier levantó alrededor de sus campos de papa muros altísimos y puso guardias.
La medida impresionó tanto que por las noches ¡se atrevieron a robarlas!
La papa se convirtió en alimento importante en los hogares europeos y también en los de América. Por aquellos tiempos, una cocinera echó papas en aceite hirviendo e inventó las sabrosas ¡papitas fritas! Desde entonces... ¡cómo hemos comido papa! Claro, de manera más saludable: hervida, en ensalada, en dulces... ¡Humm!