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La papa y otras yerbas.
Por Renato Cardenas.

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El chilote fue ocupando amplios espacios del archipiélago y en ellos construyendo su vida. Cada geografía le aportó recursos diversos y, al mismo tiempo, comunes porque todos habitaban en las orillas orientales, tanto de la Isla Grande como del archipiélago interior. Sólo Cucao fue poblado tras las dunas del inhóspito borde del Pacífico, abierto a las inclemencias de los vientos del N.O. que soplan gran parte del año.

Es diferente, empero, vivir en el archipiélago a hacerlo en la costa de la Isla Grande. Con la instalación de centros administrativos allí, durante la Colonia, este sector adquirirá rasgos 'civilizadores' que nunca tuvo con anterioridad. Comienza entonces a darse la dinámica del centro-periferia, muy notorio en la actualidad.

La isla ha vivido de sus recursos internos. El intercambio, al parecer, se ejerce desde la administración impuesta por el Conquistador, que obedece a un estado centralizado. La crisis más notoria que enfrenta la isla en la actualidad es a consecuencia del desequilibiro que se genera con la explotación de recursos marinos para la industria. El autoconsumo que el el chilote practica por milenios, si bien no lo llevó a construir una gran economía, satisfizo, al menos, sus necesidades primarias.

La isla vive del mar. El poco espacio terreno los ha llevado a sobre-explotar sus bosques al extremo que ya desde inicios de este siglo han tenido problemas de leña y madera para sus propias necesidades.

Hoy sólo encontramos renovales de arrayán y arbustos menores que son cortados cuando ya sirven para leña. El ejemplo más dramático es la isla Lemuy que en lengua veliche significa 'boscoso' y que hoy debiéramos traducir por 'deforestado'.

La Isla Grande fue un gran bosque, de una diversidad increíble. Lo sigue siendo de la carretera hacia el Pacífico, pero la costa oriental poblada desde milenios por los veliche y reforzada por los asentamientos hispanos, enfrenta hoy una crisis de madera muy similar a las islas de enfrente.

La necesidad de abrir praderas y, en especial, campo de cultivo de papas, hizo que el bosque desapareciera como tal en franjas de, al menos 20 kms. Desde la Costa Este hacia el Pacífico. Sólo quedaron manchones de monte y renovales que insisten en invadir terrenos no cultivados, pero que cada verano son reducidos a fuerza de roce y fuego.

En este ambiente el chilote ha ido construyendo una cultura cuyo soporte material es la madera. Le ha puesto quilla al bosque y lo ha hecho navegar; ha construído su casa, sus cercos y herramientes, sus sogas, canastos y ha degustado sus frutos. De allí ha extraído el calor en esta fría y húmeda comarca.

Lo que no es bosque lo ocupan las praderas y las lagunas. Lagos y lagunas no tenemos muchas de importancia. Sólo el Cucao y el Huillinco son navegados. Hay reticencia a usar estos ojos de agua; hay misterios y leyendas en torno a ellos. Sólo las orillas son utilizables como fuentes de lavado.

Las praderas fueron bosques cortados con el asentamiento nuevo, la siembra de papas, trigo, avena, algunas legumbres y verduras, obligó a abrirse espacio. Todo agricultor en sus 10 hectáreas disponibles como media per cápita, debía, además, alimentar a su yunta de bueyes, su caballo, algunas ovejas, cerdos y aves de corral.

La costa oriental está pelada, pero hay siembras y praderas en un paisaje que rememora las pinturas de Van Gogh.

Si el bosque le ha aportado utensilios al chilote, la playa y el mar lo ha alimentado en todos los tiempos. Mariscos, pescados, crustáceos y algas constituyen la dieta básica del habitante de estos archipiélagos desde los primeros poblamientos. Los cultivos de tierra y la domesticación de animales, practicados por los indios, eran más bien complementarios, a excepción de la papa.

El luche y el cochayuyo son algas comestibles aquí. Otras algas han servido para el alimento de cerdos y, en especial, el sargazo y la lamilla constituyeron el fertilizante básico para la antigua agricultura local,. En las últimas décadas aparecen valoradas por la industria del agar-agar, el pelillo y la luga. Esto desencadenó una explotaciónque terminó por acabarlas de sus fuentes naturales.

Hoy los cultivos marinos recrean estos bienes que la naturaleza producía espontáneamente.

CULTURA DE LA PAPA Y OTROS ALIMENTOS

Los conquistadores se encontraron con un territorio habitado por dos grupos étnicos. Uno de tradiciones básicamente marítimas, conocidos como los chono, y otro grupo claramente identificable con los mapuche, pero aquí llamados veliche. Estos últimos practicaban tradiciones propias de los pueblos sedentarios, con domesticación de plantas y animales, complementada con la pesca y la recolección de mariscos y bayas silvestres.

Los españoles trajeron sus tradiciones, en un comienzo básicamente gallegas, pero durante los primeros siglos se vieron obligados a compartir con los indígenas, no sólo un espacio, sino formas de supervivencia en este medio tan hostil. Su visión, se acomodó a nuevos colores y su vida a nuevas experiencias.

La papa fue conocida como poñi por los mapuche y los huilliche. Ha sido el cultivo por excelencia de este archipiélago. Representó, primero para el indígena y luego para el europeo, la fuente básica de alimentación, así como lo fue el maíz para los pueblos de mesoamérica.

Tal situación ha implementando no sólo tradiciones culinarias sino que ha gravitado ampliamente en las distintas esferas de la experiencia humana, condicionando aspectos productivos y modelando sustantivamente a nuestra cultura.

La producción y consumo de papas va ligada a ancestrales prácticas sociales como el aíto y la minga; a significativas creencias mágicas; a milenarios cultos al sol y a la piedra y se inserta en la mitología a través del Coñipoñi y el Lluhay.

De la cultura que se gestó en torno al tubérculo -hoy debilitada- podemos rescatar importantes fragmentos de esas prácticas mediante el lenguaje que ha llegado a nosotros, por transferencia bibliográfica y por hablantes que todavía dan vigencia a esta cultura de la papa.

La papa fue consumida en las más diversas formas. Desde su enterramiento en el rescoldo del fogón (o el horno, en la actualidad) hasta los sofisticados milcaos o mellas que requieren de un especial procesamiento.

La papa se ha consumido de manera natural, ahumada (yange) o alterada por humedad (pilcahue).

En cada una de estas situaciones se selecciona ciertas variedades. Por ejemplo, para hacer milcao se prefiere papas grandes; para el horno (o rescoldo), papas blandas y harinosas; para la cazuela, blandas y sabrosas.

En la actualidad, si no se vive en el campo, es difícil escoger en la diversidad de antaño. No más de cuatro son las variedades que se comercializan.

La papa produce panes y es complemento a comidas. Ha reemplazado al pan de trigo e incluso a cereales pre-hispanos porque éstos nunca se produjeron en abundancia.

Los panes de papa son esencialmente: el milcao, el chapalele, la mella, el tropom (chopom) y el erengo. Se cocinan al horno (o rescoldo), se hierven, fríen o van a las brasas.

Pero las papas intervienen en casi todas las comidas chilotas. Desde el luchicán que es un estofado de papas con luche (y aliños); o un mallo de papas, que es el cocimiento del tubérculo acompañado sólo de aliños; hasta sabrosas y complejas cazuelas con luche, cochayuyo y espinazo de cordero.

El mar y la playa les prodigó peces, crustáceos y algas. En otro tiempo, lobos marinos y hasta ballenas varadas. Se acudió al bosque sólo en casos de crisis alimenticias, para extraer de la médula de algunos helechos una harinilla. En verano, se aprovechan algunas bayas (como el cauchahue, la murta o el mitahue), la nalca, el chupón y la avellana, considerados, en general, gustos para entretener el paladar más que alimentos.

Los frutales plantados son el manzano, el ciruelo y ocasionalmente perales y guindos.

La papa será pues será el cultivo por excelencia. Con métodos muy similares a los actuales, pero con una variedad mucho más grande de semillas. El trigo y otros granos que reemplazaron a los nativos crecen con dificultad y son mantenidos con gran esfuerzo.

Los pueblos originarios domesticaron una llama conocida como hueque, desplazada en tiempos coloniales por la oveja europea.

El chilote ha obtenido su dieta de estos recursos, sacados del mar y de la tierra.



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