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Historia de la Cocina Europea
Siglos XVII y XVIII.
Durante el reinado de Felipe III se produce el cambio de la economía española. Se cierra la fase expansiva del Quinientos y se inaugura la fase depresiva del Seiscientos caracterizada por la pérdida de seguridad en el Atlántico, la gran epidemia de 1598 a 1600 que se llevó un 15 % de la población, las guerras con Portugal, la mediocridad de reyes y validos y la expulsión de los moriscos que eran los que cultivaban la tierra.
Una de las consecuencias es la aparición de los pícaros de
cocina que, acuciados por el hambre, se acomodaban en las
cocinas de los grandes señores. Los conocemos gracias a
Cervantes, en "El Quijote" y en su novela ejemplar "La
ilustre fregona"; la cocina de la goyesca duquesa de Alba
todavía estaba llena de estos seres.
Mientras tanto, Francia, bajo el reinado de Luis XIV,
sustituye a España en su papel político hegemónico e impone
para siempre sus gustos en la gastronomía de Occidente.
Dicho rey era chillón y de una escandalosa gula que, según
cuenta su cuñada, se saciaba en la comida, con 4 platos de
distintas sopas, un faisán entero, una fuente de ensalada, una
perdiz, una pierna de cordero y varios platos de dulces y
confituras.
El refinamiento de la cocina francesa llega a un grado
extremo con su sucesor Luis XV, es la época en que los
grandes platos llevan los nombres de personajes como el
mariscal de Villeroi, que dió su nombre a las pechugas
empanadas a la Villeroi. El duque de Richelieu, cuando
conquistó Mahón, conoció la salsa mahonesa y la hizo
famosa en su patria. Aparece el champagne en su forma de
vino espumoso que debe su triunfo a Mme. de Pompadour,
que afirma que es el único vino que, aun bebido en exceso,
hace más bellas a las mujeres. Ahora los aristócratas se
disputan los grandes viñedos que siempre pertenecieron a los
todopoderosos conventos.
De 1733 es el primer libro moderno de cocina francesa,
redactado por Vincent de la Chapelle y titulado "La cocina
moderna"; en él aparece escrita por primera vez la forma de
elaboración de la salsa bechamel.
Veamos la receta de esta socorrida salsa: Se
fríe en una sartén una cebolla previamente
triturada, con 6 cucharadas de aceite o
mantequilla; a continuación, se añade 3
cucharadas de harina y, removiendo
continuamente con un tenedor, se van echando
muy despacio 3/4 de litro de leche. Se cuece
todo durante 10 m. a fuego mínimo. Antes de
apagar, se puede añadir a la salsa trocitos de
trufa, caviar, piñones o champiñones.
En los últimos años del reinado de Luis XVI, aparecen los
años de hambre, por las malas cosechas de los cereales, y,
para suplir su carencia, el boticario Antoine Auguste
Parmentier convence a los franceses de consumir el
tubérculo más nutritivo: la patata. El 25 de agosto de 1785,
en una gran recepción en Versalles, para celebrar el santo
de Luis XVI, Parmentier se abre paso entre los cortesanos
con un ramo de flores malvas y, cuando llega ante el
monarca, le dice: "Señor, quiero ofreceros un ramo digno de
Su Majestad: la flor de una planta que puede solucionar la
alimentación de los franceses".
Así se introdujo la patata en palacio que poco a poco fue
cultivada en los huertos de los nobles, sin embargo, los
campesinos y las clases más populares eran reacios a este
producto porque crecía bajo tierra, pero la Revolución
francesa y las guerras napoleónicas, con sus hambres,
consiguen que este cultivo se extienda por Francia y por toda
Europa.
En Alemania, en estas mismas fechas, Federico el Grande
firmó un decreto que obligaba a los campesinos a cultivar la
patata. Llegó a colocar soldados por todos los campos
prusianos para comprobar el cumplimiento de su decreto; a
partir de este primer contacto "manu militari", el alemán y la
patata han quedado unidos para siempre: la toman en puré, la
cortan en lonchas y dados, la reducen a fécula y la hierven
para hacer aguardiente.
Son los maestros del suflé de patatas, que acompaña en el
plato a las salchichas frankfurt, las chuletas de cerdo o la
tortilla de vegetales, y que elaboran de la siguiente manera:
Una vez pasado por el pasapurés un kilo de
patatas hervidas, se añade a éstas 80 g. de
mantequilla, una pizca de nuez moscada, cuatro
yemas de huevo y un vaso de nata, y se
mezcla todo despacio. A continuación, se echa
4 claras batidas a punto de nieve, mezclando
lentamente de abajo arriba. Se vierte la mezcla
en un molde untado con 20 g. de mantequilla y
se cuece, en el horno, a fuego moderado,
durante 20 minutos.
En Inglaterra, triunfan las patatas al vapor y las patatas fritas
con pescado también frito, base del famoso plato tan popular
en las calles de Londres "fish and chips".
En Italia, la patata ya era cultivada por los carmelitas
descalzos desde fines del Quinientos, pero de todos los frutos
exóticos traídos de América por los españoles, el que tuvo
más éxito fue el tomate, "il pomodoro" (manzana dorada)
unido casi maritalmente con la pasta que, como ya hemos
dicho en capítulos anteriores de nuestra Historia de la
Cocina, ya era producida en estas tierras en la Edad Media,
gracias a la intervención de los árabes.
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