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La Trasculturación de la Papa.
Tomado de Dos Lugares en el Fin del Mundo.
Juan Castillo no se conforma con el viaje y su presencia enlazadora, sino conecta la cultura sueca y la chilena mediante un elemento muy sencillo que ha llegado a ser común en estos dos extremos del mundo: la papa o patata. Bajo el negro esqueleto de la estructura del palafito quemado, forma en hileras papas ensartadas en palos enterrados a unos 30 cm del suelo. Cada papa tiene un timbre cuyo texto reza: «De Chiloé a Grippo».
Sabemos que la papa es una voz quechua y que es originaria de América del Sur y más concretamente de Chile y Perú (y toda la zona del altiplano). Hacia 1534 fue introducida en España y posteriormente difundida a toda Europa. En Suecia se empieza a cultivar en 1724 y al siglo siguiente su cultivo se había extendido por todo el país. Hoy en día la papa es un alimento básico en la dieta sueca, así como lo es en la de los chilenos. A primera vista, las hileras de papas parecen una plantación, pero rápidamente todo parece contradecir esa primera impresión. Por un lado el contexto es equívoco: ¿una plantación dentro de una casa?! Por otro lado, la papa es un tubérculo que crece dentro de la tierra, no al aire como las pone Castillo; evidentemente ¡tampoco tienen textos! Sin embargo, subsiste en nuestra retina esa primera impresión de plantación.
¿Qué ocurre? La papa es un producto natural de la tierra, de la que actualmente existen 200 variedades (unas 17 se producen en Suecia); sin embargo, desde el momento en que es cultivada pierde su estado natural salvaje y pasa a ser parte de la cultura que la produce (es clasificada dentro de la agricultura o «cultura de la tierra»): primero ha sido culturizada por Chile/Chiloé y luego, en la medida que ha sido difundida en este país, se ha transculturizado en Suecia/Saxnäs. Pero volvamos a la aparente «plantación» de Castillo. El cultivo de cualquier producto agrario implica la racionalización del terrero y del riego, lo cual lleva a establecer una estricta distribución de la semilla, que resulta en el brote y crecimiento ordenados (normalmente en hileras) de las plantas. Castillo ha manipulado esta imagen aprendida de una plantación para involucrarnos en una discusión sobre la transculturación, él habla de transfusión (que es el título de su proyecto artístico). No es casual que haya puesto las papas dentro de la casa pues es allí donde éstas se preparan para servir de alimento a la familia. El hogar, cuyo primer referente es el lugar donde se prepara la comida es también el lugar donde se conservan las tradiciones y la comida es una de las principales tradiciones de una cultura. Europa, que inicialmente no entendió la importancia de la papa como fuente nutritiva y la usó como adorno, la incorporó rápidamente a su propia tradición.
El timbre rojo con la inscripción «De Chiloé a Grippo» enlaza esta transculturación o transfusión con otro universo significativo: el arte visual, y específicamente con la serie Analogías (1971-77) del artista argentino Víctor Grippo. En 1971 Grippo desarrolla su Analogía I que consistía en 40 papas colocadas en igual número de celdillas y ligadas por electrodos de cobre y zinc, cuya energía se medía con un voltímetro. La obra fue presentada en la muestra Arte de Sistemas que CAYC organizó en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Grippo, que tenía formación científica (había estudiado química en la Universidad Nacional de La Plata) basa su obra en la observación, desarrollo y comentario de los procesos a través de los cuales se manifiesta la naturaleza. En su primera Analogía, Grippo establecía tres tipos de relaciones entre la papa y la conciencia: definición de los objetos, función y función extensiva. Grippo proponía que, desechando la cultura y los hábitos europeos, América había de buscarse a sí misma en su propia cultura y sus propios hábitos, si deseaba existir en plenitud. El trabajo de Grippo con las papas es exhibido en distintos países de Europa y en Estados Unidos; en 1977 forma parte del envío del Grupo CAYC a la XIV Bienal de San Pablo, cuyo tema era: Signos en Ecosistemas Artificiales, con el que ganan el Gran Premio Internacional. En Suecia, se lo invita a presentar sus Analogías en la exposición de apertura del nuevo Museo de Arte Moderno de Estocolmo (febrero de 1998). Castillo retoma el discurso cultural de Grippo pero en un sentido difusionista: Chile/Chiloé (y la zona del altiplano) hacia el resto del mundo, hasta alcanzar el otro extremo del globo terráqueo: Suecia/Saxnäs. Las papas al aire, mostradas como trofeos de las culturas pre - americanas, siguen su desarrollo natural que significará el crecimiento de raíces en todas direcciones.
La «transfusión» de Castillo sigue en una instalación en el Museo de Arte Moderno de Chiloé en la cual crea cuatro estaciones visuales: utopía -sueños - realidad - vida. La instalación estaba en una sala oscurecida a la que se entraba por una apertura de 1,50x1,50m obligando al espectador a inclinar la cabeza; misma imagen que usó en Homenaje al Cuadrado. En las cuatro estaciones usa retratos de sames y chilotes de los que parece emanar un flujo que se junta en un recipiente de líquido negro. Sobre el suelo ha escrito con tiza un capítulo completo de la novela Los Insobornables de Adolfo Pardo. La elección del texto se basa también en el principio de la transfusión: la novela de Pardo trata de un viaje en barco al norte de Chile, de donde es oriundo Castillo y el viaje es lo que según su propuesta une lugares tan lejanos como Saxnäs y Castro.
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