seguridad alimentaria

Es necesario armar políticas en temas de desnutrición infantil y seguridad alimentaria

Desde el punto de vista económico, el Perú viene atravesando por un buen momento, aunque persisten graves problemas, como la desnutrición crónica infantil —que, por ejemplo, llega a 54.2%en Huancavelica y 39.3% en Apurímac—, que deben ser tomados en cuenta para convertir el crecimiento en un verdadero desarrollo sostenido a largo plazo.

Diversos estudios, como el realizado por el Grupo Inversión en la Infancia en 2012) indican que la pérdida de productividad (asociada a la persistencia de la desnutrición crónica infantil) supera el 10% de los ingresos que una persona tendría a lo largo de su vida, y debido a ello se puede perder entre el 2 y el 3% del PBI.

Intervenir a tiempo para evitar estas situaciones es clave para el desarrollo futuro. Actualmente, desde el gobierno se realizan esfuerzos para afrontar las diversas dimensiones que tienen que ver con la seguridad alimentaria y nutricional, pero no se encuentran articulados entre sí y no se plantean el objetivo de afrontar de manera conjunta la problemática descrita.

Un modelo de intervención

Las intervenciones en seguridad alimentaria y nutricional deberían ser enfocadas de manera integral y complementaria, como se percibe en el gráfico adjunto (haga click para agrandar).

Grafico Ordinola

Se debe actuar en el campo de los sistemas de producción, para aumentar la disponibilidad de alimentos, y en la generación de ingresos que faciliten el acceso a estos.

De manera complementaria a la mayor disponibilidad y calidad de alimentos, debe asegurarse que estos sean consumidos en forma adecuada, trabajando en la educación nutricional de la madre, actor clave en el proceso.

Este enfoque promueve la generación de innovaciones, como por ejemplo, alternativas para enfrentar el cambio climático, alimentos con mayor contenido nutricional, diversificación de las dietas, mejoras en el uso de semilla, selección participativa de variedades, entre otras.

Esta estrategia se viene aplicando en sistemas de producción basados en la papa, en el marco de experiencias como la del proyecto IssAndes.

En una investigación se indica que existen variedades de papa con contenidos de vitamina C por encima de los cítricos (mandarina), una cantidad de hierro similar a la de la espinaca, y mayor contenido de zinc que el de las menestras.

Además, se ha encontrado presencia de antioxidantes, lo que posibilitaría una mayor diferenciación comercial y mejores precios en el mercado.

Articulado con lo anterior, a través de las postas médicas se están realizando acciones de educación nutricional, complementando los programas sociales que ya vienen operando en las regiones.

La evaluación realizada indica que el consumo de ciertas variedades de papa puede cubrir entre el 20 y el 25% de las recomendaciones de hierro y zinc —muy relacionados con la presencia de anemia o con la forma «escondida» de la desnutrición— necesarios para mujeres y niños menores de 3 años.

Si a esto se le agrega la diversificación del consumo con otro tipo de alimentos (hortalizas, productos cárnicos, entre otros), los impactos nutricionales pueden ser más importantes.

La necesidad de promover la innovación y articular intervenciones

En función de lo anterior, una conclusión es la necesidad de que el Estado fortalezca los enfoques orientados a la seguridad alimentaria y nutricional en diferentes niveles (territorial, local y nacional).

Las intervenciones del Estado deben aprovechar el gran potencial de nuestra biodiversidad, los actuales sistemas de producción de los pequeños productores y también fortalecer la educación nutricional, especialmente de las madres.

Los programas del gobierno deberían estar articulados territorialmente. Es decir, las intervenciones para mejorar los sistemas de producción con base en innovaciones (Mi RiegoAgroruralPSI-SierraFoncodes) se deben articular con intervenciones relacionadas con la nutrición y la salud (Cuna MásQali WarmaDieta Andina, «La mejor compra», educación nutricional), y con los fondos de investigación que también tengan el objetivo de aumentar la seguridad alimentaria y nutricional.

A todo lo anterior se le puede agregar una variable importante en el caso peruano: el uso de la gastronomía para promover dietas más saludables y nutritivas. La actual formulación de la Estrategia Nacional de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2012-2021 debería considerar estas acciones y programas que ya se vienen ejecutando, con el fin de articularlos de forma más efectiva.

Por Miguel Ordinola, Coordinador General del Proyecto IssAndes. Texto tomado de la Revista Agraria (Perú), Año 14, No. 148, Febrero 2013.

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